Escuela de Yoga y Técnicas Alternativas crecimiento personal - Articulos
E.Y.T.A. Escuela de Yoga y Técnicas Alternativas - Formación para el crecimiento personal




ARTICULOS


taller de adtividades013

EL ESPÍRITU DEL YOGA

 A lo largo de los tiempos, el ser humano siempre ha anhelado algo tan simple como “saber vivir” la vida. Y la propia simpleza de ese planteamiento es lo que, precisamente, nos ha alejado de su realización. Se han propuesto muchos caminos (métodos, filosofías, escuelas de pensamiento…) para llegar a esa meta. El yoga, desde sus inicios perdidos en el tiempo, ha sido y es uno de los más certeros en su planteamiento:
-claro en objetivos
-directo en la práctica,
-contundente en sus resultados.
Sin embargo, algo ha debido fallar con el transcurrir de los años. Lo que comenzó siendo una enseñanza esotérica, transmitida de maestro a discípulo de forma oral, se democratizó abriéndose las posibilidades de la práctica a una generalidad de personas. Y, no obstante, los objetivos de esta disciplina no terminan de ser alcanzados. Más aún, pareciese que en ocasiones alejan más de la realidad al practicante.
¿Cuáles son los obstáculos?, ¿qué extraña “cercanía al árbol” nos impide ver el bosque?. No se trata de hacer una simple enumeración de aquello que no aporta nada al camino, aunque quizás esa enumeración nos permita alzar la mirada y ver un poco más allá del trasfondo que está limitando a numerosos practicantes. Pero antes, veamos algunos de los fundamentos que debieran caracterizar al espíritu de la práctica yóguica:
-No ser violento.
Lo que significa no causar dolor a los cuerpos y tampoco agredir verbalmente a nadie –causa de trastornos emocionales-. Rehuir tanto la violencia hacia el entorno como hacia uno mismo.
-Decir la verdad.
No siendo suficiente el no mentir sino que hay que vivir con integridad, esto es “ser verdad”. No hablar mal de las personas y ser honesto con nuestras convicciones.
-No robar.
Por lo tanto no tomar aquello que no nos pertenece, dicho en el sentido más amplio. Ni siquiera el hacernos “merecedores” de un crédito que no nos es propio (méritos indebidos) o robarle el tiempo a alguien exigiendo una atención desmedida.
-Ser contenidos.
Esto es, mantener el principio de moderación en todo sentido. Evitar ser esclavo de nuestro propio deseo.
-Estar satisfecho.
Estar contento con lo que se tiene y que aceptemos lo que el destino nos depara.
Desde el máximo respeto a estos principios, podremos realmente realizar la práctica de las posturas, para comenzar a aproximarnos a nuestra realidad última. Sin embargo, aquí es cuando aparecen las auténticas dificultades:
* Entendemos que la mejor práctica es aquella que se realiza con mayor dificultad y esfuerzo. Nos olvidamos, en consecuencia, de que no debemos violentar nuestro propio cuerpo. Que no debemos exigirnos más de lo que podemos dar. Que no hay un canon perfecto fuera de nosotros. Y lo más grave, es que en la mayoría de las ocasiones lo hacemos –me refiero, a dejarnos arrastrar por las indicaciones de algún maestro- por simple inercia, sin cuestionarnos sobre el porqué de una práctica tan compleja o tan abusiva o tan lesiva.
* Entendemos que la mejor práctica es aquella en la que con cada sesión incrementamos nuestra flexibilidad, por el simple placer de hacerlo; o que nos abstrae más de nuestra realidad sin confrontarnos a ella (para percibir, a la postre, que ni siquiera es lo que creemos que es). Nos olvidamos, en consecuencia, de estar satisfechos de lo que somos, cómo somos y de hacer lo que hacemos en este momento. Poco a poco nos alejamos de la conciencia del aquí y el ahora, sustituyéndola por un proyecto de lo que posiblemente seremos.
* Entendemos que la mejor práctica es aquella que recibe los elogios del monitor que “premia” nuestro compromiso y entrega. ¿Qué hay del saber que nos dice: “Enciende tu propia luz. Sé tu propio maestro y sé tu propio discípulo”?. En realidad, ¿no estamos buscando la satisfacción de nuestro ego? Y, si fuese así, ¿existe algo que nos aparte más del camino hacia nosotros mismos?.
* Entendemos que la mejor práctica es aquella que nos permite olvidarnos de nosotros. Y entonces ¿cómo reconocernos si no nos “vemos”?, ¿cómo sublimar aquellas emociones, deseos, sentimientos que al aparecer en la práctica se excluyen porque nos alteran?, ¿cuál es entonces el sentido del yoga?.
Muchas son las dificultades actuales para el yogui o la yoguini, envuelto en una realidad desaforada que engulle practicantes para satisfacer insanos deseos de destacar, de hacernos distintos frente al entorno, de “rentabilizar” un negocio de técnicas alternativas… Y para ello, con muy pocos escrúpulos, prometemos la iluminación (el nirvana, el samadhi, la liberación absoluta), sin hacer entender que sin la observancia del espíritu del yoga, todo se convierte en una mera farsa o burla de aquello que pudo ser.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.












LA EMOCIÓN Y EL SENTIMIENTO EN EL YOGA FÍSICO

  Si bien conocemos los beneficios físicos de la práctica habitual del hatha-yoga, no es menos cierto que el entendimiento de las restantes posibilidades que ofrece han quedado casi siempre relegadas a un segundo plano.
Partiendo de las definiciones de la EMOCION como “
el estado particular de un organismo que sobreviene en condiciones muy definidas, acompañada de manifestaciones somáticas y viscerales
” y del SENTIMIENTO como “
la propia percepción subjetiva de la situación o, dicho de otro modo, la relación de la persona consigo misma en circunstancias particulares (en definitiva, los modos de inserción personal en la existencia)
”; cabe establecer la clara utilidad del yoga físico como tamizador de los citados sentimientos y, a la postre, como catalizador de la propia emocionalidad.
No se trata de establecer que el yoga sea la panacea y que su realización lleve al practicante a un control absoluto de su vivencialidad interna en las situaciones diarias de forma inmediata, pero sí a un manejo consciente y voluntario de las reacciones hasta ahora desbocadas e incontroladas. La emoción puede presentarse, al ser un estado particular del organismo, de forma súbita ante la aparición de una vivencia (resulta inevitable, por ejemplo, al ver un accidente que sintamos un “vuelco” en nuestro estómago). Sin embargo, el sentimiento que acompaña a ese estado emocional y que es producto de la acumulación de experiencias y vivencias previas que trastocan, manipulan, alteran y –lo peor- prejuzgan la situación y la reacción ante ella, éste sí puede ser dirigido y encauzado por el practicante de yoga.
Entendámoslo mejor con un ejemplo: vamos a una celebración y a la hora de la comida hacemos el comentario “yo eso no lo puedo tomar porque tengo el estómago muy delicado” y añadimos “HERENCIA DE MIS PADRES”. Hecho objetivo: estómago delicado; hecho subjetivo: la carga añadida a la propia situación (¡ya me podían haber dejado otra “herencia”!, ¡hay que ver que fastidio siempre con esto del estómago!, ¡mira que soy delicado para todo!, etc). Evidentemente esta concepción involuntaria y subjetiva nos limita y nos impide vivir el momento de una forma mucho más natural y alegre: aceptar la posible limitación (también podría verse el motivo de la “dolencia” de estómago, aunque esto será objeto de otro artículo) y simplemente elegir aquellos alimentos que nos sean más adecuados.
Así planteado el tema hay que destacar que las posturas (asanas) que realiza el practicante conllevan una serie de beneficios físicos mecánicos por su propia ejecución (por caso, masaje en el paquete abdominal por compresión del estómago con los muslos, estiramiento de la musculatura de la espalda por la flexión del cuerpo hacia delante…), pero además dichos asanas conllevan un significado y una simbología específica de tipo emocional y sentimental.
Al mantenerse estables en la ejecución de esta disciplina, siguiendo los preceptos propios e inherentes a la definición del hatha, esto es realizar el asana cumpliendo los tres gunas del Samkhya –rajas, tamas, sattvas-, comenzamos a poner bridas a la mente con lo que podemos controlar poco a poco la constante perturbación a la que estamos sometidos. La mente comenzará a acallar y, en consecuencia, irá apareciendo en escena una percepción más nítida y objetiva (ecuanimidad) de todo lo que vivimos. El color del cristal con el que miramos, habitualmente empañado, empezará a estar limpio.
Los sentimientos negativos y destructivos (así como los positivos, por generar apegos y deseo de repetir experiencias que nos reproduzcan el mismo sentimiento –hecho por otro lado imposible: “nunca nos bañamos dos veces en el mismo agua de un río”-) comienzan a ser identificados y, desde ese momento, ya pierden fuerza y su control sobre nosotros. Seguir en este camino representa que, a la larga, seremos capaces de profundizar más en el propio estado vivencial y también aprender a manejarlo para no ser simples marionetas de una emocionalidad desequilibrada y manipulativa.
Para hacernos una idea ligera de la utilización del yoga físico en lo tocante al campo de lo sentimental y lo emocional, observemos la relación de los tipos de flexión con algunos de estos aspectos:
-Flexión anterior:
introvesión, recogimiento, aislamiento, separación, individualización…
-Flexión posterior:
expansión, comunicación, extroversión…
-Flexión lateral:
apertura, manifestación objetiva –sin máscaras-, hermandad….
-Flexión oblícua:
adaptación desde la individualidad, colaboración…
-Torsión:
relación, reconocimiento del entorno, capacidad de adaptación…
Todas las características citadas tiene, por supuesto, sus aspectos contrarios y sólo la observación minuciosa y delicada de un buen/a profesional del yoga físico permitirá discernir que grupo de posturas o, mejor aún, que combinación de posturas por tipos de flexión deberán ser ejecutados por el practicante en la sesión, para su mejor provecho.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.


LA ESTRUCTURA DE LA SESIÓN DE YOGA

  La forma de ejecutar la sesión de yoga puede ser enfocada de muy diferentes maneras, siempre que el fondo no se diluya en ella. Dicho fondo o lo que es lo mismo la finalidad del yoga, repetida en innumerables ocasiones –tantas como veces es olvidada y quebrantada-, es la “eliminación de toda perturbación mental”.
También ha sido puesto de manifiesto en multitud de ocasiones que para alcanzar dicha finalidad es necesario cumplir con los tres “aspectos” básicos de la práctica:
rajas, tamas y sattvas (hacer, permanecer y atención/conciencia)
. Que la vulneración de algunos de estos aspectos implica el incumplimiento de la unidad que caracteriza al yoga y, en clara consecuencia, la imposibilidad de alcanzar los beneficios prometidos por esta técnica.
Visto así, y sea como fuere el método que empleemos para realizar la sesión de yoga –con toda independencia de duración o frecuencia en la práctica, la escuela, el centro, el estilo, el maestro, el profesional, el gúru, etc-, parece prudente establecer que los pasos a seguir han de ser los que realmente son.
No se trata de “complicar” la sesión o de “añadir dificultad” a los asanas. Tampoco se trata de iniciar la práctica con movimientos más o menos atléticos o con respiraciones intensas –incluso a veces agotadoras o sofocantes-. Mucho menos se trata de llevar al alumno a extremos de resistencia “virtuosa” con su cuerpo, rayando en el contorsionismo (porque si fuera así, ¿qué podríamos hacer aquellas personas que nos encontramos limitadas por una dolencia física crónica, o simplemente aquellas personas que tengan alguna disminución física, sean gruesos, poco flexibles, mayores, etc?).
Desde estos presupuestos se tiene que entender que la sesión de yoga debe seguir una estructura claramente definida: la tonificación, los asanas, el pranayama y la relajación. Todos y cada uno de estos componentes de dicha estructura cumplen su cometido y, por ello, han de ser escrupulosamente respetados:
-La tonificación o conjunto de movimientos iniciales, se realiza para preparar a los músculos y las articulaciones a los estiramientos y contracciones a los que se verán sometidos con la ejecución de las posturas. Además la tonificación cumplirá el objetivo de permitir al alumno que, a través de la atención en su cuerpo al realizar dichos movimientos y la respiración que ha de llevar acorde a ellos, vaya “centrando” su mente dispersa y excitada por un entorno y una actividad frenética a la que se ve diariamente sometido. En consecuencia la supresión de la tonificación inicial conlleva: dolor en la realización de los asanas, incremento en el riesgo de lesión muscular/articular y dificultad en desarrollar la atención en las posturas. Por supuesto, no es necesario insistir en que este conjunto de movimientos ha de ser progresivo, suave, coordinado y siempre acorde a las “posibilidades” del alumno.
-Los asanas o grupos de posturas
ideados como un conjunto de posiciones corporales consiguen, mediante el juego de contracción/estiramiento, un efecto de tonificación/sedación en todas las zonas corporales del practicante. La atención mental durante la permanencia en la postura –inmovilidad en el punto que hayamos alcanzado en el asana-, conseguirá desarrollar de forma paulatina un sosiego mental característico de esta disciplina.
-El pranayama o técnica respiratoria
, después de haber preparado al cuerpo (tonificación) y de haberlo masajeado y serenado (grupo de asanas), servirá como elemento “recargante”. Por supuesto, no habrá que obviar además los beneficios específicos e inherentes a cada una de las respiraciones, como elementos que incidirán directamente en el alumno.
-La relajación final
ofrecerá un tiempo inestimable para que todo aquello que ha sido “movido” durante la sesión se “recoloque” proporcionando como resultado final el SERENO VIGOR a toda aquella persona que haya tenido interés en realizar la práctica yóguica.
Obviar cualquiera de estos elementos estructurales de la sesión, es alejarse de la concepción clásica del hatha-yoga. Entonces será hablar, será practicar, otra cosa.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.








LA VISIÓN UNITARIA DEL YOGA FÍSICO

  Al hatha yoga, a lo largo de los tiempos, se ha acudido con la esperanza puesta en alcanzar diferentes estadios: salud física, bienestar general, aquietamiento mental, liberación intelectual…. Para llegar a esos fines, descuidando quizás el aspecto más fundamental que es el entender que el fin real es la propia práctica yóguica, hemos tendido a remarcar en el practicante la idea de realización de los asanas (posturas), de mantenimiento en la inmovilidad y de conciencia en ello.
Hemos establecido un correlato básico en función del principio de somatización: si el cuerpo enferma por una inadecuación o inadaptación de la persona ante las situaciones “corrientes” (por cuanto habituales en el devenir diario del ser humano), podemos trabajar desde el cuerpo para modificar esa inadecuación o incapacidad en la resolución del conflicto.
Desde aquí, la realización de la sesión física es claramente beneficiosa por sí misma, tanto como preventiva de las dolencias futuras como coadyuvante en el tratamiento y corrección de la enfermedad ya manifestada. En esta línea las sesiones de yogaterapia son, sin duda, un arma para el occidental de indiscutible valía. Podemos afrontar de este modo molestias y malestares de toda índole y nivel de gravedad: problemas estomacales, ulceraciones, dispepsias, disfunciones intestinales, dificultades respiratorias (tanto obstructivas como restrictivas), problemas genito-urinarios (pérdidas de orina, útero caído), litiasis renales, ptosis gástrica, mal riego sanguíneo, alteraciones nerviosas, parestesias en las extremidades y un largo etcétera. Pero también cabe afrontar la práctica como una vía para la ayuda de las dolencias de tipo psicológico: estrés, angustia, depresión, ciclotímias, fobias, ansiedad…
En todo caso, siempre resultará necesaria y oportuna la inclusión de una o dos sesiones semanales de hatha en la apretada agenda de todos y cada uno de nosotros. Sin demoras, siendo indiferente cualquier otro elemento concurrente: poco importa que se sea deportista o ama de casa o ejecutivo o estudiante, tengamos salud o la hayamos perdido.
Sin embargo, siendo honestos, poco hemos ahondado en un aspecto que da auténtico sentido a los restantes mencionados: el emocional. Es cierto que el mero hecho de realizar una sesión física de yoga ya comporta notables beneficios visibles con la práctica reiterada (no olvidemos que estamos ante una disciplina y que, como tal, requiere el mantenimiento en el tiempo), pero no es menos cierta la importancia del conocimiento de lo que las posturas conllevan de significado emocional y simbólico para que el profesional que dirige la sesión sea capaz de valorar las necesidades no sólo físicas del practicante y establecer aquella secuencia de asanas que permitan afrontar de forma más determinante y duradera los beneficios prometidos por la práctica.
Hay que entender que una postura, por ejemplo, de flexión anterior proporcionará masaje al paquete abdominal y estirará la musculatura de la espalda y las piernas, pero además ese tipo de flexión induce a un profundo estado de introspección corporal. Por lo tanto, a lo físico podemos unir los beneficios psico-emocionales de la práctica. Dicho de otro modo, el grupo de posturas de flexión anterior -siempre considerado sólo como un ejemplo- serán muy adecuadas para aquellas personas dispersas, distraídas, excesivamente extrovertidas, poco centradas, con poco gusto por asumir responsabilidad…
Expuesto de este modo, cabe concluir que la sesión puede enriquecerse para incrementar los efectos benéficos, si la realizamos desde una óptica amplia sin perder de vista la consideración del ser humano como una entidad unitaria, comprendida desde una visión holística que abarque todos los aspectos del practicante.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.


LOS PROFESIONALES DEL YOGA FíSICO

 En la práctica habitual se cometen constantes errores que provocan no pocos malestares y dolencias, alejándonos cada vez más del camino adecuado para acercarnos al fin último del yoga: conocernos en nuestra totalidad y aceptar lo que se es.
Desde hace unos años el yoga viene sufriendo unas actuaciones imprudentes por parte de los denominados “profesionales”. La imprudencia viene amparada básicamente en la ignorancia.
Resulta demasiado frecuente que los practicantes al acudir a las escuelas, asociaciones o centros donde se imparte esta enseñanza se encuentre con instructores (en el mejor de los casos) y maestros/gurus (en el peor de ellos) que imponen una disciplina supuestamente basada en la tradición del yoga:
- Es muy probable que se realice una prueba de selección para determinar el “nivel” del aspirante a la práctica.
- Es muy probable que se exija una determinada “flexibilidad” al aspirante a la práctica.
- Es muy probable que se le exija una “actitud” casi devocional hacia el centro y el maestro al aspirante a la práctica.
Ni uno solo de esos requerimientos se acerca a la verdad del yoga.
No es necesario que el practicante sea esbelto, delgado, flexible…. ya que la realización de la sesión busca el que el alumno sea capaz de sentir lo que siente, en la punto de la postura (asana) que haya alcanzado. El establecer unos requisitos físicos de partida limitará la realización de la sesión a todos aquellas personas que no tengan una flexibilidad concreta o que presentan una disminución física (dado que ello conlleva imposibilidad de realizar cierto grupo de posturas según la limitación).
Lo que en realidad es importante es que el alumno ejecute el asana y lo mantenga con constante atención en la experiencia que está viviendo. El que no alcance la postura o simplemente no pueda realizarla podrá ejecutar cualquier otra variante que -evidentemente- tiene que ser conocida por el instructor/monitor (cosa difícil si el aprendizaje ha sido a base de tablas preestablecidas que se repiten de forma constante en cada sesión).
También se encontrará el practicante con estructuras de clase que más que inducir al sereno vigor propio del hatha-yoga, avocan a un estado de estimulación y sobreexcitación lejano a la finalidad de esta disciplina. Al interesarnos por el motivo de la ejecución de ciertos movimientos o de ciertas posturas podremos obtener respuestas poco convincentes: “siempre se ha hecho así”, “de este modo lo he aprendido yo”,“ si te molesta ya se te pasará, es cuestión de insistir” e incluso se llegará a “forzar” al alumno a que alcance estiramientos que no puede realizar.
En todo caso, el practicante tiene que ser muy consciente de su cuerpo y no permitir que alguien ajeno (por muy maestro/a que sea) le provoque malestar, llegando incluso a la lesión. Se llegará cuando se pueda llegar, si es que se llega. El yoga no premia a quien se estire más o a quien ponga la pierna más alta o a quien se mantenga en equilibrio sobre las yemas de los dedos. El yoga busca volcar la mirada hacia dentro siendo carente de espíritu comparativo, no importando si el que está a nuestro lado llega más o menos lejos que nosotros o si es capaz de permanecer más tiempo en el mantenimiento de una postura. La práctica cerrando los ojos nos acerca a nosotros y todo lo que sea intentar amoldarnos o imitar a un modelo exterior nos aparta del camino correcto.
En consecuencia, todo instructor que se encarga de realizar posturas difíciles de ejecutar, por mero lucimiento o autosatisfación egoica, está realizando una simple sesión gimnástica, más o menos meritoria, pero en ningún caso cercana al sentido de la disciplina que en teoría intenta transmitir. Y si además fuerza a sus alumnos a seguirle en ese empeño, está cometiendo un doble mal.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.


DESMITIFICACIÓN DEL YOGA FÍSICO

El hatha yoga o yoga físico es la forma básica de la práctica yóguica, entendida como la realización de asanas o posturas desde la inmovilidad, la permanencia y la atención mental en y durante su ejecución. Por eso, el yoga es “yugo” o “unión” pero con nosotros mismo, con esa parte mental y emocional que subyace en todas nuestras acciones, deseos e impulsos.
Desde aquí, y sólo desde este posicionamiento, es posible entender el yoga físico. Por este motivo es conveniente establecer cuáles son los “mitos” o “idealizaciones” realizadas sobre su práctica que –en no pocas ocasiones- son tan solo el deseo de los propios practicantes por encumbrarse y distinguirse de aquellos que no realizan esta disciplina:
MITO: para su práctica se requiere realizar dieta estricta o, mejor aún, ayunos.
DESMITIFICACIÓN: cierto es que se requiere un adecuado estado de alimentación para permitir que la manifestación corporal no sea la de un proceso incómodo de saturación, de indigestión, de intoxicación… pero, en ningún caso, es requerido un ayuno, una ausencia completa de ingesta de carnes, etc. Será suficiente con la limitación prudente de su consumo, conforme al sentido común propio y consustancial al ser humano. El ayuno, claro está, puede ayudar a modificar los estados psico-fisicos pero no es condición excluyente para que éstos puedan ser alcanzados sin su realización.
MITO: para su práctica se requiere una disposición física especial.
DESMITIFICACIÓN: en este sentido, la flexibilidad es algo que se adquiere con la práctica continuada y nunca más allá de la propia “disposición” corporal natural de cada uno. No se realiza mejor yoga físico porque la pierna sea situada tras la cabeza o porque seamos capaces de abrirlas 180º o porque podamos permanecer en una inversión sobre el cráneo o porque nos mantengamos en equilibrio perfecto sobre las manos… más bien, y en demasiadas ocasiones, esas posiciones corporales –realizadas sin la adecuada atención- no son más que exhibiciones que demuestran una actitud mental poco acertada del ejecutante. La realización de posturas no ha de convertirse en un ejercicio “circense” de máxima dificultad sino que, más bien al contrario, ha de ser simple, asequible, cercano a todos con independencia de las propias condiciones físicas. Sobre todo teniendo en cuenta que el yoga físico ofrece innumerables posibilidades para lograr los beneficios inherentes a él, desde muy diferentes asanas y sus variantes, respetando la predisposición personal o cada uno de los ejecutantes.
MITO: el yogui (practicante masculino) o la yoguini (practicante femenina) se liberan de todo proceso doloroso como resultado de la propia práctica.
DESMITIFICACIÓN: es conveniente conocer la distinción básica entre dolor y sufrimiento. Aquél caracterizado por la sensación displacentera a nivel físico y éste caracterizado por la incorporación a esa sensación de toda una serie de elementos emocionales que “engrandecen” y “enconan” la vivencia de dicho dolor. Digámoslo de otra forma: hecho objetivo tras un golpe, el malestar físico; hecho subjetivo, la elaboración psico-emocional incorporada a ese malestar (¡qué mala suerte!, ¡seguro que me he roto algo!, ¡soy tan patoso!, ¡lo que me faltaba!...). visto desde esta óptica, cabe establecer que el yoga físico –en su práctica continuada en el tiempo- ayuda a controlar de forma muy eficaz los componentes psico-emocionales añadidos al dolor, en definitiva el sufrimiento pero no a aquél; si bien, se aprenderá a sobrellevar de forma más digna, mejorando en cualquier caso la calidad de vida.
MITO: para practicar yoga físico se requiere un cuerpo esbelto y delgado.
DESMITIFICACIÓN: ningún texto clásico establece que el practicante tenga que “estar”, “mostrar” o “permanecer” en alguna forma física concreta. Más aún, dado que el yoga físico busca como fin último el alcanzar la “eliminación de las perturbaciones mentales”, dicha eliminación no requiere en ninguna circunstancia que el practicante sea delgado, alto, inteligente, guapo o elegante. Estos requerimientos son mas bien propios de “tendencias” o “escuelas” que se acercan a esta disciplina milenaria desde la “selección” previa del alumno, estableciendo una distinción entre los practicantes y aquellos que no lo son. Nadie deberá consentir que se le discrimine en la práctica sea cual sea su condición, edad o sexo.
MITO: todo practicante de yoga físico para alcanzar los beneficios prometidos, deberá acercarse o profesar el budismo o corriente filosófica o religiosa afín.
DESMITIFICACIÓN: el yoga físico participa de la búsqueda de la pacificación mental como medio de eliminar las perturbaciones y, a la postre, alcanzar el estado de tranquilidad natural de todo ser humano. Se busca ser “uno” consigo mismo y en este proceso no se requiere pertenecer o profesar religión alguna, ni acatar sistema filosófico “impuesto” como condición previa para alcanzar dicho estado de paz o tranquilidad. Que la persona que desee hacerse budista lo haga y que la que no lo desee no lo haga.
MITO: todo buen practicante de yoga debe acudir a algún ashram o visitar la India, como cuan y origen de esta disciplina.
DESMITIFICACIÓN: es muy adecuado que visitemos la India y sus ashram, en cuanto enriquecimiento personal pero sin ver en ello un fin y sin darle mayor alcance. Se debe y se tiene que aprender a practicar yoga aquí y ahora, sin más requerimientos, sin más exigencias, sin más condicionantes. Hay que tener claro que no se será mejor yogui o yoguini por haber contactado con un ashram y tan poco se será peor por no haberlo hecho. No podemos atentar contra el principio básico del yoga físico que es la integración cuerpo-mente allí donde nos encontremos, en cualquier momento y ante cualquier circunstancia. Hay lugares nobles y personas sabias entorno nuestro: la evolución personal no es algo que pueda ser garantizado con un viaje o con el simple contacto con una escuela o ashram.
En cualquier caso, no desperdiciemos más esfuerzo ni tiempo en otorgar credibilidad a tantos y tantos “mitos yóguicos” que no representan mas que limitaciones autoimpuestas por no pocas escuelas occidentales que establecen inadecuadas barreras (en cuanto inexistentes en la realidad) entre unos y otros.
El yoga físico es una actividad por y para cada uno de nosotros. Establecida como práctica hace milenios para que, mediante el trabajo personal y la aceptación de la responsabilidad de la dirección de nuestras propias vidas, consigamos el deseado estado de tranquilidad y felicidad inherentes al ser humano. En consecuencia, de los beneficios físicos, mentales y emocionales que conlleva su práctica somos merecedores todos: mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, niños….
Desde ahora iniciad la práctica sabiendo que “
la única dificultas es creer que es difícil y que la única limitación es creer que somos limitados”.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.



YOGA FÍSICO: ¿PARA QUÉ?

Ni ha de plantearse como el camino para alcanzar la “iluminación” ni como una técnica de gran dificultad en su realización. Por el contrario, el hatha-yoga (yoga físico) se ha de vivir como una práctica simple e interiorizante que nos conduce, a través de la repetición de las posturas, a una tranquilidad mental y a una comodidad con y en nuestro propio cuerpo.
Ilimitado en sus posibilidades, no está impedida su realización a personas de cualquier edad o condición física, ya que lo importante es la propia voluntad puesta en cada una de las sesiones. Siempre con la consideración y el respeto a las propias limitaciones personales, llegando a donde se puede llegar y permaneciendo en la inmovilidad el tiempo que se pueda permanecer.
El yoga físico, a diferencia de muchas otras disciplinas, no es competitivo. No importante que el practicante de nuestro lado sea más o menos flexible, más o menos rápido. Simplemente cada uno es como es y hace lo que puede hacer. Desde esta premisa conseguiremos alcanzar los beneficios físicos y mentales inherentes a la disciplina yóguica.
Indicado en todo caso y para todo tipo de personas, es el complemento perfecto de cualquier otra actividad, logrando gracias a él una mayor eficacia e integración en la realización de la misma.
Siendo la clave básica del yoga la simplicidad, los profesionales de la enseñanza hemos de ser pulcros y asépticos en su transmisión, evitando cualquier sectarismo o demagogia en la misma, así como la exigencia de unos “mínimos” al practicante con la ejecución de unas posturas o unas técnicas respiratorias para las que en ese momento no esté preparado.
Podemos acometer su práctica por diversos motivos. Quizás nos mueva el hecho de ser una técnica que está de moda o, tal vez, que nos aporte un “toque” de singularidad. En cualquier caso, no cabe duda que su práctica ha de ser realizada desde el conocimiento de los beneficios que ella conlleva.
Así planteado, en realidad ¿para qué sirve el yoga físico?:
Para aquellas personas cuyo esfuerzo laboral desborda literalmente todo su sistema nervioso (estrés): proporciona un estado de relajación tanto física como psíquica, que no sólo tranquiliza al practicante durante la sesión sino que además le proporcionará un permanente estado mental equilibrado y saludable.Para las amas de casa que caen en la desidia de la rutina, sintiendo que están desfasadas y apartadas de la vida: aportando la serenidad para reconocer que cualquier actividad (incluyendo la meramente doméstica) hecha desde el corazón, está plena de contenido. Más allá de los propios beneficios físicos de las posturas: mayor elasticidad, mejora de los procesos respiratorios, circulatorios, nerviosos…..Para los estudiantes que se enfrentan a la continua tensión de los exámenes: agilizará su mente, su capacidad y claridad de pensamiento, añadiendo además un profundo conocimiento corporal que les hará sentirse más cómodos e integrados consigo mismos a todos los niveles.Para los deportistas que tan delicado equilibrio han de mantener, soportando la tensión del entrenamiento y –en su caso- de la competición: comprobarán la mejora de su resistencia, flexibilidad, concentración y capacidad de reacción propia de tales profesionales.Para los ancianos: recuperarán la sensación de estar vivos aquí y ahora, sintiéndose reincorporados a una sociedad que tiende a aislarlos, y –claro está- aceptando su estado propio de la edad, siendo mejorado visiblemente con la práctica cotidiana.
En fin, para todos y por todo, por la satisfacción de reconocer el propio cuerpo –sin modelos estereotipados externos-, por sentirnos más plenos y unitarios, por experimentar la sensación de libertad interna: intransferible e inviolable… Por esto, y por mucho más, el yoga físico está ahí al alcance de nuestras manos.

Enrique Rodríguez Mirón
Director de E.Y.T.A. 


YOGA POSICIONAL: YOGATERAPIA

Un mínimo de observación. Tan solo se requiere un mínimo de observación para poder apreciar, en cualquier situación, lo habitual de las malas posiciones corporales. Y, lo más lamentable, que esa mala disposición corporal se ha convertido en algo habitual, en lo normal.
Cuando una columna vertebral se encuentra dañada (desviada –escoliosis-, con pérdida o exceso de las curvaturas –lordosis cervical, cifosis dorsal, lordosis lumbar-, con pérdida de discos intervertebrales, osificaciones/calcificaciones –osteofitos-, hernias discales, etc) no sólo se produce el propio daño en sí de la columna sino que se ven afectados una serie de órganos inervados por el grupo de terminaciones nerviosas que arrancan de esa zona dañada. Pongamos un par de ejemplos:
- si la afectación se encuentra en la lumbar 1 (L1)la zona orgánica que se verá involucrada será el intestino grueso (apareciendo la tendencia a diarreas y/o estreñimientos),
- si hablásemos de la L4 estaríamos refiriéndonos a la próstata y el ciático, y así sucesivamente.
De aquí la importancia en el establecimiento de una adecuada educación postural para mantener nuestro eje corporal básico (la columna) en correcta colocación y permitir así el saludable bienestar del que todos somos merecedores.
Tenemos muchos obstáculos que nos dificultan precisamente el mantenimiento erguido de la espalda. Pensemos en los hábitos de nuestra vida cotidiana:
- el trabajo ante el ordenador con la correspondiente curvatura excesiva de la zona dorsal añadiéndole la inclinación antinatural de la espaldael recoger pesos del suelo con la espalda recta y las rodillas extendidas
- las labores cotidianas del hogar con inadecuada posición en la plancha, la cocina, etc
- la utilización de inapropiadas sillas en centros de trabajo en los que permanecemos durante horas sentados (cajeros/as, oficinistas, …)
- la constante tensión nerviosa por un ritmo agitado de vida, que provoca numerosísimas contracturas y lesiones tanto físicas como psico-emocionales que se somatizan en nuestro cuerpo (dolor de cabeza, dificultad al respirar, brusismo, dolor en cintura escapular –hombros/cuello-…)
Y un sin fin más de situaciones que “ayudan” a degenerar nuestra columna.
Por ello, es necesario el aprendizaje y la realización de una serie de movimientos en inmovilidad (asanas) para conseguir la mejora reeducacional de esas “desviaciones “ que tanto pueden malear nuestra vida cotidiana (es habitual la dolencia de espalda, prácticamente crónica, de una gran mayoría de la población).
Con una supervisión directa de un experto yogoterapéutico es aconsejable realizar sesiones individuales, en las que se enseñe de forma clara y efectiva la posturas de yoga -con la correspondiente corrección e insistencia en la misma- para que la persona pueda incorporarla a su quehacer diario.
Un caso: la escoliosis conlleva la degeneración (hiper e hipotrofia, según la desviación sea a la derecha o a la izquierda) de los músculos psoas, erectores de la columna, dorsal ancho y oblicuo abdominal. Por lo tanto, será necesario incluir en la práctica posturas tales como trikonasana, parsvotanasana, arda-bhujangasana… para reequilibrar el cuerpo, consiguiendo que la musculatura tensa –acortada- se elongue y la débil –excesivamente estirada- se acorte, resultando de ambos movimientos la tonificación muscular adecuada y, en consecuencia, la recolocación de la columna hacia su verticalidad (más información de inadecuadas posiciones corporales se pueden encontrar en mi texto “YOGA POSICIONAL Y MUSCULAR” –ed. Mandala)
La yogaterapia partiendo de la estructura del yoga clásico da un paso más, ya que al realizar de forma individualizada la sesión, permite al profesional dedicar la atención constante sobre el alumno, comprobando la forma que éste tiene de permanecer en pie, de sentarse, de estar tumbado; pudiendo establecer de este modo una tabla eficaz, única, para modificar aquello que en el practicante es incorrecto y está perjudicando su bienestar.
En definitiva, merece la pena dedicar alguna sesión individual de apenas 30 minutos para aprender a establecer el contacto con nuestro cuerpo que, a la postre, lo es con nuestra salud y ganar en calidad de vida.
La yogaterapia con muy poco, ofrece mucho.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.


YOGA FISICO: POTENCIADOR DE SALUD

Hay que entender que el cuerpo, ante todo, es una entidad global. Un compendio de elementos físicos, psíquicos y espirituales que han de permanecer en equilibrio, en armonía. La pérdida de dicha armonía o, dicho de otro modo, el trastorno del orden equilibrado provocará el estado de enfermedad. Aunque visto a
sensu contrario
la enfermedad también podría ser considerada como la posibilidad de instaurar el equilibrio perdido (siempre que el paciente trascienda el simple lamento por el malestar que experimenta; cosa que ocurrirá cuando tome conciencia de que uno mismo es el transmutador de un estado a otro: “somos la causa de nuestra dicha y somos la causa de nuestra desgracia”).

No podemos perder de vista que la pérdida de armonía se produce en la conciencia, siendo el cuerpo el mero proyector (pantalla) que refleja el estado modificado en ese plano de información.
Desde este posicionamiento el yoga representa un adecuado camino como potenciador de los estados de salud. Podríamos decir que actúa a modo de catalizador. Centrándonos en la práctica física del yoga, el objetivo de la realización de las asanas (posturas) será el de percibir la realidad de nuestro cuerpo más allá de la valoración condicionada y condicionante de nosotros mismos (siempre subjetiva, parcial y engañosa).
Establezcamos que al acercarnos a la práctica nos encontramos en una disposición personal concreta (alegres, optimistas, cansados, doloridos, apesadumbrados, tristes, estresados, apáticos, deprimidos, ansiosos …..), lo que nos aboca a una predisposición hacia lo que vayamos a experimentar. Así, tras una jornada dura de trabajo y de relaciones difíciles, sintiéndonos abatidos o cansados, la realización de posturas que impliquen apertura al exterior, esfuerzo, incluso tensión, nos parecerá penosa y dura. Sin embargo, con el mantenimiento en el tiempo de la práctica de la sesión iremos consiguiendo de forma progresiva, sin agresión y sin resistencias, acercarnos más a la percepción de la sensación que a la propia sensación en sí misma, alcanzando el consiguiente distanciamiento que nos permita situar en el punto adecuado el valor de dicho malestar, bloqueo o dolencia.
La importancia de este cambio cualitativo es básica: dejaremos de convertirnos en aquello que nos está limitando para convertirnos en espectadores de la propia limitación. Esa “despersonalización” permitirá que, cada vez con menor frecuencia, nos alejemos de nuestro centro y de aquello que en realidad quiera que seamos.
Para entender mejor el concepto, cabe establecer una regla muy simple:
Si el cuerpo es un reflejo de lo psico-emocional
actuando sobre lo psico-emocional modificaremos el cuerpo

Cabe extraer una consecuencia clara: al trabajar sobre los aspectos más sutiles se puede conseguir una modificación sobre la manifestación más burda de la persona (el cuerpo). Al realizar la práctica yóguica con atención y especial incidencia en la observación de las sensaciones (placenteras, displacenteras o neutras), se conseguirá con el paso del tiempo re-orientar la propia disposición corporal (la dolencia, la enfermedad…).
Recordar que el cuerpo no es más que la manifestación iniciada en otro estadio vibracional superior, por lo que el trabajo desde la “dificultad” de la sesión de yoga para alcanzar posturas de un “virtuosismo envidiable (?)”, si no vienen acompañadas de la serenidad de la observación propia de los practicantes que se acercan al yoga desde la humildad y sin necesidad de satisfacción egoica -que no es más que otra trampa mental en el camino de la evolución- serán andanadas en el vacío que poco aportarán para la mejora real y definitiva del yogui o yoguini.
Sin duda que el simple hecho de realizar posturas de yoga provocan una serie de beneficios físicos mecánicos por su propia ejecución (masaje por compresión/estiramiento en las vísceras, tonificación en los músculos y ligamentos…), pero además dichos asanas conllevan un significado y una simbología específica de tipo emocional.
Intentar siquiera intuir esos contenidos “superiores” a la simple ejecución de la postura requiere de la observación de los principios básicos yóguicos:
-ejecución
-mantenimiento en inmovilidad
-atención/contemplación
Sólo desde aquí comenzaremos a poner frenos a la mente desbocada, con lo que podremos comenzar a controlar la constante perturbación a la que estamos sometidos.
Este acallamiento mental, eliminado valoraciones y prejuicios que nos condicionan, desembocará en una capacidad de observación ecuánime de la emocionalidad/sentimentalidad subyacente a cada una de nuestras acciones/reacciones. Comenzaremos a percibirnos con ojos nuevos.
En todo caso, el yoga físico ha de ir más allá de la sesión, ha de trascender las puertas del recinto donde practiquemos, ha de plasmarse en cada uno de nuestros actos, de nuestras palabras, de nuestras ideas, de nuestros quehaceres diarios.
Hay que convertir ese devenir lleno de confusión y vacío, cargado de prejuicios que tan solo sirve para generar dependencias y tensión, en la capacidad de saber observar con plenitud, teniendo ecuanimidad en la palabra y los actos y, por supuesto, todo ello “dentro” de un cuerpo relajado y saludable.
Todo lo demás (virtuosismos contorsionistas, niveles, requerimientos previos de aceptación para la práctica y un largo etcétera) son falsos obstáculos que, a modo de trampa, embaucan a los más inocentes alejándolos de la posibilidad de la vida digna y liberadora que promete el hatha yoga.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A. (Escuela de Yoga y Técnicas Alternativas)



EL MAL DEL YOGA FISICO

En la práctica habitual se cometen constantes errores que provocan no pocos malestares y dolencias, alejándonos cada vez más del camino adecuado para acercarnos al fin último del yoga: conocernos en nuestra totalidad y aceptar lo que se es.
Desde hace unos años el yoga viene sufriendo unas actuaciones imprudentes por parte de los denominados “profesionales”. La imprudencia viene amparada básicamente en la ignorancia.
Resulta demasiado frecuente que los practicantes al acudir a las escuelas, asociaciones o centros donde se imparte esta enseñanza se encuentre con instructores (en el mejor de los casos) y maestros/gurus (en el peor de ellos) que imponen una disciplina supuestamente basada en la tradición del yoga:
- Es muy probable que se realice una prueba de selección para determinar el “nivel” del aspirante a la práctica.
- Es muy probable que se exija una determinada “flexibilidad” al aspirante a la práctica.
- Es muy probable que se le exija una “actitud” casi devocional hacia el centro y el maestro al aspirante a la práctica.
Ni uno solo de esos requerimientos se acerca a la verdad del yoga.
No es necesario que el practicante sea esbelto, delgado, flexible…. ya que la realización de la sesión busca el que el alumno sea capaz de sentir lo que siente, en la punto de la postura (asana) que haya alcanzado. El establecer unos requisitos físicos de partida limitará la realización de la sesión a todos aquellas personas que no tengan una flexibilidad concreta o que presentan una disminución física (dado que ello conlleva imposibilidad de realizar cierto grupo de posturas según la limitación).
Lo que en realidad es importante es que el alumno ejecute el asana y lo mantenga con constante atención en la experiencia que está viviendo. El que no alcance la postura o simplemente no pueda realizarla podrá ejecutar cualquier otra variante que -evidentemente- tiene que ser conocida por el instructor/monitor (cosa difícil si el aprendizaje ha sido a base de tablas preestablecidas que se repiten de forma constante en cada sesión).
También se encontrará el practicante con estructuras de clase que más que inducir al sereno vigor propio del hatha-yoga, avocan a un estado de estimulación y sobreexcitación lejano a la finalidad de esta disciplina. Al interesarnos por el motivo de la ejecución de ciertos movimientos o de ciertas posturas podremos obtener respuestas poco convincentes: “siempre se ha hecho así”, “de este modo lo he aprendido yo”,“ si te molesta ya se te pasará, es cuestión de insistir” e incluso se llegará a “forzar” al alumno a que alcance estiramientos que no puede realizar.
En todo caso, el practicante tiene que ser muy consciente de su cuerpo y no permitir que alguien ajeno (por muy maestro/a que sea) le provoque malestar, llegando incluso a la lesión. Se llegará cuando se pueda llegar, si es que se llega. El yoga no premia a quien se estire más o a quien ponga la pierna más alta o a quien se mantenga en equilibrio sobre las yemas de los dedos. El yoga busca volcar la mirada hacia dentro siendo carente de espíritu comparativo, no importando si el que está a nuestro lado llega más o menos lejos que nosotros o si es capaz de permanecer más tiempo en el mantenimiento de una postura. La práctica cerrando los ojos nos acerca a nosotros y todo lo que sea intentar amoldarnos o imitar a un modelo exterior nos aparta del camino correcto.
En consecuencia, todo instructor que se encarga de realizar posturas difíciles de ejecutar, por mero lucimiento o autosatisfación egoica, está realizando una simple sesión gimnástica, más o menos meritoria, pero en ningún caso cercana al sentido de la disciplina que en teoría intenta transmitir. Y si además fuerza a sus alumnos a seguirle en ese empeño, está cometiendo un doble mal.
Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A



YOGA Y CANCER DE MAMA

PRIMERA PARTE.

LA PREVENCION
 
Por definición, el cáncer es todo tumor maligno que se caracteriza por una multiplicación anormal y desordenada de células, las cuales tienen la característica de invadir los tejidos adyacentes.
 
El principal atributo de los tumores malignos es su capacidad de diseminación fuera del lugar de origen. La invasión de los tejidos vecinos puede producirse por:
 
·       Extensión
·       Infiltración
·       A distancia produciendo crecimientos secundarios (metástasis).
 
En consecuencia podemos decir que el cáncer es:
 
Un crecimiento tisular producido por la proliferación continua de células anormales con capacidad de invasión y destrucción de otros tejidos.
 
PREVENCION DEL CANCER
 
Es muy importante el hecho de que muchos de los agentes que se consideran cancerígenos son manejables por el hombre. En este sentido, al conocerse la relación entre un tipo de cáncer y un factor determinado, podemos dirigir nuestra acción hacia la eliminación del agente.

Con este fin se deben tomar medidas como las siguientes:
 
· No fumar.
· Evitar exponerse al sol por tiempo prolongado (especialmente personas de piel blanca o sensible).
· Mantener una adecuada higiene.
· Controlar el consumo de bebidas alcohólicas.
· Una dieta adecuada, rica en fibras vegetales, frutas y baja en grasas.
· Evitar la exposición a radiaciones (Rayos X, etc).
· En los grupos de alto riesgo como lo son los trabajadores de ciertas industrias, se deben tomar las precauciones adecuadas para protegerlos y mantener un control médico periódico.
 
CANCER DE MAMA
 
El cáncer de mama es el crecimiento descontrolado de células anormales que puede desarrollarse en una de las tantas áreas de los senos como:
 
1.    Los conductos que llevan la leche al pezón
2.    Los pequeños sacos que producen la leche (lobulillos) y
3.    El tejido no glandular.
 
LINFEDEMA
 
Hablamos de un acúmulo de líquido rico en proteínas (linfa) en una extremidad. Dicha acumulación es el resultado de una sobrecarga del sistema linfático, en el que se produce un volumen de linfa excesivo respecto a la capacidad de drenaje de la misma.
 
RIESGO DE PADECER LINFEDEMA
 
·10%  pacientes de cáncer de mama con disección
·25%  pacientes con disección + tratamiento de radioterapia
 
SINTOMAS Y EVOLUCION
 
El linfedema no se presenta de forma brusca, sino que podemos detectarlo gracias a la aparición de síntomas característicos:
 
· Pesadez de brazos
·Endurecimiento de la zona, sobre todo en:
·Cara anterior del brazo
·Región del codo
 
Si no se tratan estos síntomas el paciente puede evolucionar, al disminuir la capacidad de eliminación de la linfa del brazo, a una infección (LINFAGITIS), cuyos síntomas son:
 
·Enrojecimiento de la piel
·Dolor intenso en el brazo
. Incremento del edema
·Fiebre
 
La deformación visible del brazo provoca en el paciente un cambio en su apariencia física que conlleva al propio rechazo, con la consiguiente merma de autoestima, valoración personal, degenerando –al mantenerse en el tiempo- en estados de ánimo negativos que inducen a encerrarse en uno mismo evitando la relación con los demás. En definitiva, se empeora la calidad de vida.
 
Tratamiento tradicional
·       Fisioterapia.
 
Tratamiento alternativo
·       Yoga físico.
 
 
TRATAMIENTO DEL CANCER
 
Las medidas terapéuticas tradicionales hacia el PACIENTE incluyen:
 
. la cirugía
· la radiación y
· la quimioterapia.
· en la actualidad se estudia la utilidad de la inmunoterapia y la modulación de la respuesta biológica.
 
Las medidas del yoga hacia el PACIENTE incluyen:
 
·Movilización de la zona. Previniendo la evolución de la dolencia y la recuperación, en su caso, de la parte dañada
·Recuperación en los supuestos de extirpación de la/s mama/s de los tejidos anexos
·Regulación del proceso psico-emocional
·Mejora de la autoestima y apreciación personal
 
Las medidas terapéuticas tradicionales hacia el ACOMPAÑANTE:
 
. No se observan
 
Las medidas del yoga incluyen:
 
·Aceptación del proceso del paciente
. Regulación del sistema nervioso parasimpático previniendo el estrés propio del acompañante
 
Dicho cual, cabe establecer que la finalidad del yoga es tanto la prevención y el tratamiento coadyuvante de las dolencias -a nivel físico- y las  alteraciones mentales -a nivel psíquico/emocional-.
 
 
CAMPO DE ACTUACION
 
PREVENCION
 
1. MEDICINA TRADICIONAL:
 
· Inspección
· Palpación
 
2.    YOGA
 
Observación específica en zona corporal. Detectando cualquier anomalía o irregularidad en:
 
· Sensación en zona
· Calor
· Abultamiento
· Incomodidad
· Excesiva tensión
· Dolor o molestia en la movilización tanto física como respiratoria (cintura intercostal)
 
SESIÓN DE YOGA
 
Incluirá necesariamente la siguiente estructura:
 
Tonificación inicial
Se ejecutarán todos los movimientos propios de la preparación yóguica para obtener la finalidad de “calentamiento” evitando posteriores molestias o posibles lesiones en la práctica.
 
Tan solo se evitarán aquellos movimientos que conlleven grave dificultad en la realización por el practicante. Todos los restantes, dado que nos encontramos en la fase de prevención, pueden y deben ser realizados.
Asanas
Al igual que lo expuesto en lo anterior se realizarán todos los grupos de posturas con especial incidencia en aquellas que realizan estiramiento y contracción de la musculatura pectoral. Se incluirán en las sesiones las posturas que ayuden a la regulación del drenaje linfático.
Técnica respiratoria
Recomendable la respiración abdominal, intercostal, clavicular y completa.
Relajación
Dirigida, con especial atención en zona pectoral e intercostal. En estos puntos permaneceremos más minutos para hacer hincapié a la practicante en la observación de la zona, acompañándola de la invitación a la eliminación de tensión en ella.
 
Será adecuado permanecer abiertos a la evolución de la practicante y, de ser necesario, introducir en algunas sesiones la técnica de visualización.
 
RESPIRACION
 
Ejercicios respiratorios recomendados:

ABDOMINAL
Extendidos en el suelo, brazos a lo largo del cuerpo. Inspiramos tanto aire como podemos por la nariz y lo dirigimos a la CINTURA ABDOMINAL, sin retención pasamos a expulsar de nuevo por la nariz, para reiniciar el ciclo.
 
VARIANTE: con piernas flexionadas, pies separados y plantas bien apoyadas en el suelo.

INTERCOSTAL
Extendidos en el suelo, brazos a lo largo del cuerpo. Inspiramos tanto aire como podemos por la nariz y lo dirigimos a la CINTURA INTERCOSTAL, sin retención pasamos a expulsar de nuevo por la nariz, para reiniciar el ciclo.

CLAVICULAR
Extendidos en el suelo, brazos a lo largo del cuerpo. Inspiramos tanto aire como podemos por la nariz y lo dirigimos a la CINTURA CLAVICULAR, sin retención pasamos a expulsar de nuevo por la nariz, para reiniciar el ciclo.
 
PRINCIPIANTES: se pueden apoyar las manos en los trapecios, y al inspirar intentan alejar las manos de la zona.
Completas
Extendidos en el suelo tomamos tanto aire como podamos por la nariz, para dirigirlo a la cintura abdominal-intercostal-clavicular. Cuando estamos bien llenos, sin retención, pasamos a expulsar de nuevo por la nariz desde la cintura abdominal-intercostal-clavicular.

ASANAS PARA FAVORECER EL FLUJO LINFATICO
 
           · Elevación frontal de los brazos

 UTKATASANA
 
            · Elevación lateral de los brazos

 TRIKONASANA
 
                   · Rotación de manos
 
· Rotación de hombros

· Círculos completos cuello

ASANAS PARA PREVENIR EL LINFEDEMA
 
·Posturas de elevación de ambos brazos

VIRABHADRASANA
 
TADASANA
  . Ejercicios de apertura de pecho

  NATASIRO VAJRASANA
 
·Postura con movilización de hombros –torsiones
PURNASANA

·Postura de estiramiento de los brazos POSTURA DE LA MEDIA LUNA
PARIHASANA

.Atender al riesgo de dificultar la evacuación linfática
(exceso de calor o de movimiento vigoroso)
ooo0ooo
En todo caso, es momento de establecer y aceptar la necesaria colaboración entre los tratamientos que ofrece la medicina alopática tradicional y las técnicas alternativas, con especial consideración del yoga.
 A los efectos duros, ocasionados por el cáncer de mama, con unas secuelas que dificultan notablemente el mantener un ritmo de vida normal, resulta imprescindible reconocer la eficacia y la validez de la práctica yóguica.En definitiva, permitir la mejora de la saludfísica y psico-emocional, consiguiendo la incorporación en el día de CALIDAD DE VIDA



¿QUÉ ES LA REFLEXOLOGÍA PODAL?

La Reflexología podal es una técnica de masaje manual basada en el principio de los “reflejos”, entendiendo por reflejo:



1. Tanto el punto en los pies que se corresponde con una región/órgano/glándula/músculo etc, del cuerpo.
2. Como la respuesta involuntaria a un estímulo o, lo que es lo mismo, reacción de un órgano/glándula/músculo ante el citado estímulo.
Entendiendo la enfermedad (el dolor) como la alteración de la corriente energética del cuerpo, con la consiguiente modificación del flujo electro-magnético del mismo, el estímulo en las zonas reflejas permite la liberación o desbloqueo de la zona o zonas afectadas, consiguiendo que los órganos recuperen su actividad y funcionamiento armónico.
Evidentemente, cabe pensar que dado que la estimulación por puntos reflejos no se encuentra tan solo en los pies (sino también, por citar algunas otras zonas, en la manos, en la oreja, en la lengua, en el iris...) el masaje en cualquiera de estas otras zonas permitiría alcanzar los mismos efectos. Sin duda, esto sería así si no fuera por:
-la dificultad o incluso imposibilidad de dar masaje sobre ellos (p.ej. en el iris); en otro casos, como el tratamiento de puntos reflejos en las orejas (auriculoterapia) requiere un conocimiento muy específico; por otro lado, el masaje en la lengua es claramente “incómodo”, etc.
-el menor “reflejo” de dichas zonas en el cerebro, frente a la preponderancia de los pies en éste.
Lo dicho, permite establecer que el masaje reflejo en los pies conlleva:
-Mayor facilidad de aplicación y reconocimiento en zona de los citados puntos reflejos.
-Mayor eficacia del tratamiento realizado.
Por último, y como consecuencia, se concluye que:
· si la Reflexología es la activación de los puntos reflejos.
· la Reflexoterapia es la aplicación de dicha activación en forma de terapia.
· y la Reflexoterapia podal es la aplicación de dicha activación en forma de terapia a los pies.
Finalmente, cabe establecer que la Reflexoterapia podal activa la capacidad natural del paciente de cambiar aquello de su interior que le está produciendo la alteración orgánica. Siendo el propio paciente el que conseguirá eliminar no tan solo el síntoma (molestia, dolor, etc) sino la causa real que originó a aquél.
Como siempre, las terapias alternativas ofrecen un mundo de posibilidades que todos podemos experimentar. Será suficiente un espíritu abierto y “ganas” reales de querer mejorar.
ENRIQUE RODRIGUEZ MIRON
Director de E.Y.T.A





EL MILAGRO DEL TACTO

 Avocados a un entorno hostil y violento, el ser humano está perdiendo la capacidad de relacionarse, de establecer vínculos saludables, de disfrutar del momento en el momento, de permitirse el cuidado más preciado: el placer del tacto.
Sin duda, de todos los sentidos el primero y más importante, el que hasta no hace demasiadas décadas era considerado como un valuarte, el tacto humano, ha representado y debería seguir representando un “camino” para la evolución general. Y la forma mediante la cual ese tacto ha sabido encontrar su expresión más avanzada ha sido su aplicación mediante el masaje, en sus múltiples manifestaciones.
El profesional puede ofrecer incontables posibilidades al paciente que se encuentra necesitado de “recibir” el saber de las manos del masajista para calmar esa molestia, malestar o dolor que está impidiendo que la persona se manifieste plena en su estado natural de salud.
Poco importa, en realidad, la opción por la que nos decantemos a la hora de elegir el tipo de técnica a aplicar: quiromasaje, masaje relajante corporal, reflexología podal o manual, masaje metamórfico,…. Ya que todos representan diversas formas de acercarse a la esencia que conlleva la práctica del masaje: el milagro del tacto.
Cada una de las técnicas seleccionadas hará hincapié en unos u otros aspectos de la disposición corporal:
- El quiromasaje conseguir el alivio de los dolores óseos y musculares que se apreciaran en el paciente, mediante diversas manipulaciones.
- El masaje relajante corporal alcanzar la sedación general mediante la activación del efecto vagotónico del sistema nervioso parasimpático, a través de pases de manos de una forma suave en todo el cuerpo.
- El masaje reflexológico podal el equilibrio corporal general mediante la estimulación de todos los órganos y sistemas, gracias a un elaborado sistema de puntos reflejos en los pies, y el “enlace” de los meridianos.
- El masaje metamórfico mediante la “actualización” de vivencias de la etapa prenatal, para conseguir tomar conciencia de las limitaciones que han representado dichas vivencias en nuestras vidas y, de este modo, modificar nuestras futuras actuaciones.
En todo caso, la búsqueda final del masaje es el bienestar general y la integración de los diversos aspectos psico-emocionales que conforman la vida del paciente. Dado que el ser humano es el resultado de una interacción cuerpo-mente, siempre tamizada dicha relación a través de las emociones, y siendo conscientes de la somatización que nuestro cuerpo realiza cuando esta delicada relación se altera, el masaje representará una ayuda externa en el proceso de re-equilibrio corporal.
No obstante, y parece clara consecuencia de la expuesto, que aquellas técnicas que no incidan tan solo en el aspecto meramente físico del masaje, podrán aportar los elementos suficientes por los que el paciente pueda activar de nuevo sus mecanismos de integración para alcanzar una plenitud que permitirá, a la postre, el “alejamiento” (y desaparición, en el mejor de los casos) de las alteraciones físicas corporales.
El masaje ha de servir no sólo para eliminar el proceso doloroso (la tensión corporal, la lusación, la contractura muscular, etc) sino también para poner sobre aviso al paciente de la/s zona/s de su cuerpo que presenten una mayor disposición a sufrir una alteración. Desde esa puesta en contacto, y siempre dependiendo de la voluntad e intención del propio paciente, se conseguirá el resultado óptimo del masaje. Al alivio externo realizado mediante dicho masaje se unirá la mejora interna aportada por la toma de conciencia del propio paciente en el proceso que ha implicado la aparición de la dolencia o malestar.
Con carácter general, los beneficios que cualquier persona podrá experimentar con las técnicas manuales son:
-Relajar la musculatura
-Sedar el sistema nervioso
-Favorecer la eliminación de toxinas
-Activar la circulación
-Facilitar el drenaje corporal…
A esas “mejoras” físicas, ya de por sí importantes, cabe añadir al aplicar técnicas manuales más integrantes u holísticas (masaje relajante corporal, masaje reflexológico, masaje metamórfico, entre otros) beneficios tales como:
-Incrementar la sensibilidad de los sentidos
-Mejorar el ánimo
-Equilibrar las emociones…
Sea como fuere, el auténtico milagro del masaje se produce por el simple hecho de aplicar las manos sobre el cuerpo del paciente. El tacto ha de volver a tomar, si queremos “recuperar” la esencia perdida, el papel central que en épocas anteriores –con independencia de las culturas en las que pensemos- ha venido representando.
Finalmente, y como colofón de lo hasta ahora dicho, hemos de romper con uno de los tabúes que aún perduran: el masaje es tanto más eficaz cuanto más doloroso. Claro está, y otorgando la eficacia e importancia que el simple tacto tiene, que no se realizará un tratamiento más adecuado si durante la sesión se presenta dolor o incomodidad para el paciente. Más bien al contrario, el practicar un masaje en el que el paciente se sienta “cómodo” y sobre todo “tranquilo” en manos del profesional, permitirá desarrollar unos niveles de “profundización” difíciles de alcanzar de otra manera.
En definitiva, todos podemos y debemos beneficiarnos de las ventajas del masaje olvidándonos de la tendencia a creer que un masaje es un lujo al alcance de pocos. Quizás, y sólo quizás, sea cuestión de modificar nuestras prioridades, para alcanzar los incontables beneficios que promete “el milagro del tacto”.
ENRIQUE RODRIGUEZ MIRON
Director de E.Y.T.A.




















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